Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de enero, 2011
Después de las fiestas Y cuando todo el mundo se iba y nos quedábamos los dos entre vasos vacíos y ceniceros sucios, qué hermoso era saber que estabas ahí como un remanso, sola conmigo al borde de la noche, y que durabas, eras más que el tiempo, eras la que no se iba porque una misma almohada y una misma tibieza iba a llamarnos otra vez a despertar al nuevo día juntos, riendo, despeinados. Julio Cortázar – Después de las fiestas
Todos los días el mismo recorrido, la cuadra de los mercados, la diagonal de la plaza, la calle de los gitanos y finalmente la costanera junto al río. Ese río gris, azul, verde, turquesa. Cada día las mismas baldosas, que se repetían eternamente hasta el final del camino. Transitaba esos dos kilómetros de paseo sin dejar de mirar el agua corriendo hacia el sur, como si quisiera ver algo que no había visto durante todos esos años. Pero esta vez algo era diferente. Su mano izquierda apretaba fuerte el tallo de una rosa blanca, símbolo de la amistad. Ese era el día en el que dejaría atrás el dolor pero no el recuerdo, nunca dejaría de recordar, no a Sofía. Tantas cosas daban vueltas en su cabeza que siguió de largo dos metros de la entrada al puente. Le costó reaccionar y finalmente piso firme en el desvencijado paso a la costanera sur. Allí se sentó con los pies colgando, observando firmemente al cielo esta vez, a la luna que nacía blanquecina tras las sierras. Triste, pero segura de...
¿Quién los ve andar por la ciudad si todos están ciegos? Ellos se toman de la mano: algo habla entre sus dedos, lenguas dulces lamen la húmeda palma, corren por las falanges, y arriba está la noche llena de ojos. Son los amantes, su isla flota a la deriva hacia muertes de césped, hacia puertos que se abren entre sábanas. Todo se desordena a través de ellos, todo encuentra su cifra escamoteada; pero ellos ni siquiera saben que mientras ruedan en su amarga arena hay una pausa en la obra de la nada, el tigre es un jardín que juega. Amanece en los carros de basura, empiezan a salir los ciegos, el ministerio abre sus puertas. Los amantes rendidos se miran y se tocan una vez más antes de oler el día. Ya están vestidos, ya se van por la calle. Y es sólo entonces cuando están muertos, cuando están vestidos, que la ciudad los recupera hipócrita y les impone los deberes cotidianos. Los Amantes – Julio Cortázar
CANCIÓN DE BAÑAR LA LUNA María Elena Walsh Ya la Luna baja en camisón a bañarse en un charquito con jabón. Ya la Luna baja en tobogán revoleando su sombrilla de azafrán. Quien la pesque con una cañita de bambú, se la lleva a Siu Kiu. Ya la luna viene en palanquín a robar un crisantemo del jardín Ya la luna viene por allí su kimono dice no, no y ella sí. Quien la pesque con una cañita de bambú, se la lleva a Siu Kiu. Ya la luna baja muy feliz a empolvarse con azúcar la nariz Ya la luna en puntas de pie en una tacita china toma té Quien la pesque con una cañita de bambú, se la lleva a Siu Kiu. Ya la luna vino y le dio tos por comer con dos palitos el arroz Ya la luna baja desde allá y por el charquito-quito Quien la pesque con una cañita de bambú, se la lleva a Siu Kiu. Todavía recuerdo cuando mamá me la cantaba antes de ir a dormir, gracias por tanta genialidad, y hasta siempre.
A mí la verdad todo me parece muy gris. Y sí, como no me voy a sentir así, si el color se fugó tras la nubes. Y con el color, las personas, Y con las personas, vos.