Como una cruel egoísta estaba pidiendo a gritos que algo me pasara. Algo que me descolocara de la rutina en la que estaba inmersa. La vida, o el destino o lo que sea, me jugaron una mala pasada. ¿Quería algo impactante? lo tuve. Y más de una vez. Pedía algo que me hiciera tener algo en qué pensar. Y sin duda ahora tengo mucho en que pensar. No me alcanza el tiempo para seguir la rutina y a la vez pensar en todo lo que pasa a mi alrededor. Estoy muy adentro de mi propia vida. Necesito sentarme a ser mi propia espectadora. Aunque algo me dice que no lo haga, que lo que voy a ver no me va a gustar ni un poco. Pero tarde o temprano voy a tener que decidir, porque sino voy a quedar atrapada en mi propio espiral y no voy a poder salir. No me gustan los encierros. No me gustan los entierros. No me gusta esperar. No me gustan los duelos. No me gustan las despedidas. No me gusta la cobardía. No me gusta la hipocresía.
Espacios para la reflexión e introspección