Historias de Instagram, estados de whatsapp, días de facebook.
Veo felicidad #happiness.
Recorro, miro, observo estas plataformas y encuentro eso: fotos de gente feliz haciendo cosas super cool, siempre acompañada, bien acompañada, festejando algo, celebrando algo. Todxs ahí, son felices. Todxs llevan una vida de destellos, de brillos en los dientes, como en los dibujitos. A todos les brilla la sonrisa de tanto filtro, y les duele la mandíbula de tanta hipocresía.
Fotos de lugares exóticos, que están dejando de serlo porque de repente es "barato" viajar al Sudeste Asiático, y vamos todxs, con amigox, porque es cool y top y "diferente".
Miro y recorro esas historias, esos destellos de vidas que parecen no ser más que gozo y disfrute, y pienso: parece otra realidad, otro mundo. No sé si es porque yo estoy así, o qué, pero yo veo mucho dolor, mucho sufrimiento. Pero claro, los que más duelen y sufren en este mundo, en este país, en esta ciudad, no son cool. No tienen instagram, tienen otras urgencias como dónde dormir, qué comer.
¿Significa esto que pienso que está mal que haya algunos que disfrutan tanto? No, para nada. Pero si me genera dudas, me genera dudas de los orígenes de esa felicidad. Siempre entendí que para llegar a una vida plena y placentera en algún momento había que pasarla un poco mal, esforzarse algo, sufrir un poco por algo; que de esa manera se lograba más apreciar lo bueno de la vida y lo que uno conseguía. Me da la sensación de que postear sufrimiento, o por lo menos, los momentos aburridos de la vida, como levantarse temprano, trabajar de algo que mucho no te gusta, lavar los platos, el baño, no es cool. Nadie quiere ver eso. ¿Será que en instagram todxs somxs lo que queremos ser? Es el reino de las apariencias. Es, en fin, otra forma de la metáfora de la caverna de Platón. Nos conformamos con ver las sombras, las apariencias, y la realidad no importa.
Veo felicidad #happiness.
Recorro, miro, observo estas plataformas y encuentro eso: fotos de gente feliz haciendo cosas super cool, siempre acompañada, bien acompañada, festejando algo, celebrando algo. Todxs ahí, son felices. Todxs llevan una vida de destellos, de brillos en los dientes, como en los dibujitos. A todos les brilla la sonrisa de tanto filtro, y les duele la mandíbula de tanta hipocresía.
Fotos de lugares exóticos, que están dejando de serlo porque de repente es "barato" viajar al Sudeste Asiático, y vamos todxs, con amigox, porque es cool y top y "diferente".
Miro y recorro esas historias, esos destellos de vidas que parecen no ser más que gozo y disfrute, y pienso: parece otra realidad, otro mundo. No sé si es porque yo estoy así, o qué, pero yo veo mucho dolor, mucho sufrimiento. Pero claro, los que más duelen y sufren en este mundo, en este país, en esta ciudad, no son cool. No tienen instagram, tienen otras urgencias como dónde dormir, qué comer.
¿Significa esto que pienso que está mal que haya algunos que disfrutan tanto? No, para nada. Pero si me genera dudas, me genera dudas de los orígenes de esa felicidad. Siempre entendí que para llegar a una vida plena y placentera en algún momento había que pasarla un poco mal, esforzarse algo, sufrir un poco por algo; que de esa manera se lograba más apreciar lo bueno de la vida y lo que uno conseguía. Me da la sensación de que postear sufrimiento, o por lo menos, los momentos aburridos de la vida, como levantarse temprano, trabajar de algo que mucho no te gusta, lavar los platos, el baño, no es cool. Nadie quiere ver eso. ¿Será que en instagram todxs somxs lo que queremos ser? Es el reino de las apariencias. Es, en fin, otra forma de la metáfora de la caverna de Platón. Nos conformamos con ver las sombras, las apariencias, y la realidad no importa.
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