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No.
Era demasiado.
Algo se cerraba, parecía que entraba la luz. Pero no.
Una vez más, una mirada mostró dolor.
Una vez más, la angustia reinó.
De entre todas esas cosas reales se escapaba un hilo de sueños.
Un hilo de luz, que parecía mala palabra.
Ya no había opciones, la luz tenía que quedarse.
Porque entre tanta oscuridad era lo único que la dejaba ver más allá de la superficie del mar.

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Creo que estoy tan poco acostumbrada a ser feliz que mi cabecita se las enrosca para pensar cosas infelices. Soy feliz y más aún si puedo contagiarte y decirte no hay otro momento para sonreír, es ahora .
Cuando no hay mucho para decir, es mejor callar. Pero me es necesario expresar la felicidad que siento. Un día en paz y sin preocupaciones, Gracias.