De entre lo cotidiano se escapa una mirada fugaz que simboliza el anhelado encuentro de esos pares de ojos. Encuentros en oscuridad, en los que la luz viene de adentro, pero no hacia afuera, se concentra entre un baile de palabras y silencios guiados por esa luz que de cada uno es diferente y se funde para ser lo mismo.
Segundos robados a las obligaciones y rutinas que rompen con el esquema, y arman una nueva función sin variables, una función libre de metodologías, que corre paralela a el hoy, pero es una función sin tiempo ni espacio, libre de sistemas.
¿Porqué será que se esperan con desesperación esos encuentros sorprendentes?
¿Será porque es ahí donde se fuga la razón y son los ojos la máxima expresión de lo que viene de adentro?
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