Me llama el invierno, me llama el verano. Uno me ofrece manos frías y calor escondida bajo las sábanas, el otro color, calor, exposición. No sé en qué pensar para poder olvidar esta terrible, trágica, angustiante contradicción. La pregunta es: qué me gusta a mí. Nada, los odio, a los dos. los detesto, los aborrezco. Pero no puedo vivir sin ellos. Malditas contradicciones de la vida. ¿Se puede elegir los dos? O tendré que hacer como el sistema solar: cambiando cada tanto, con una transición paulatina, para que nunca, nunca, nunca se choquen, se vean, sepan que el otro existe.Pero existen. Existen, son reales, no los puedo negar. Pero no los tolero, no tolero su mutua existencia. Si tan solo fuera uno... u otro... Pero no, ambos tenían que ser. Mierdas, hijos de puta, porqué tan distintos y tan extremos los dos! Creo que encontré la solución, ni con uno ni con otro, en el medio, con la primavera.