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Me preocupa pensar que mis prioridades cada vez se diferencian más con las de mi círculo de conocidos. Creo que las mías no han cambiado sustancialmente en el último tiempo, y me pregunto si estoy errada por priorizar cosas que los demás no. Estoy segura de lo hago, pero es natural que surjan estos planteos en mí.
No solo eso, sino que cada vez me siento más como mi abuelo cuando digo que en esta sociedad no hay valores, y lo peor es que cada vez me convenzo más de eso. Pero además, yo no me siento valorada, lo que perjudica todo el panorama antes mencionado.
No quisiera apresurar mi decisión, porque yo no puedo hacer la cosas para recibir algo a cambio, y tampoco lo hago por eso; pero reconozco que todos merecemos nuestro reconocimiento y sigo sintiéndome tratada como una mera secretaria o empleada de la gente; voy a empezar a deslindarme de esas actividades. 


Otra cuestión es mi constante intervención y consejo sobre qué deben hacer los demás. Sé que está mal, pero en ciertos casos no puedo controlarme, y creo que es necesario, porque a veces no ven lo que los rodea, y si nadie les dice o les presenta su realidad, por que los quiero, porque los aprecio y me preocupo por ellos, me urge hacerlo...


En fin, son estos tiempos de replanteamientos, quizás con consecuencias futuras o quizás se extingan cuando termine el invierno.

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