Antes pensaba que la confianza y la sinceridad iban de la mano. Pero analizándolo bien, la confianza cuanto más profunda es, más frágil resulta. Más probable es que, si donde hay confianza hay amor, más heridos nos sintamos si alguien nos "traiciona" (uso comillas porque dudo si es el término adecuado para oponerlo a confianza). Entonces, donde hay mucha confianza (amor, por lo tanto) es más probable que se presente como una especie de nube que encapsula la relación, pero ¿es realmente sincera? Cuantas veces guardamos algo que tenemos para decir por temor a lastimar a esa persona, por querer protegerla, por miedo a que no vuelva a confiar en nosotros? Cuanto más queremos a alguien más nos importa lo que piense de nosotros... A veces puede ser que sabemos que nos va a aceptar todo, pero, sinceramente, ¿no nos protegemos a nosotros mismos también cuando omitimos algunos datos que nos cruzan por la cabeza?
Reconozco lo subjetivo de este razonamiento, ya que esto es algo que a mi me pasa muy a menudo. Y también me pasa que me es más fácil ser sincera cuanto más desconozco a alguien. Creo que es una especie de desafío: si son capaces de soportar la verdad es probable que comprendan el valor que tiene en una relación. O no, quizás, es simplemente una idealización.
Pero volviendo a las relaciones ya logradas y afianzadas, puede ser que, de cierta forma, las idealizamos. Se realiza una especie de contrato implícito en el que la gran cantidad de conocimientos adquiridos sobre "el otro" generan que ciertos temas queden fuera, que naturalicemos conductas, prácticas, pensamientos, dejemos pasar situaciones que, quizás, en realidad nos perturban... pero todo sea por el contrato del exceso de conocimiento...
Comentarios
Publicar un comentario