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Scrolleando en Facebook. Una imagen que me resulta conocida, una frase en la imagen. Es una lanchita amarilla (pero naranja), no es cualquiera. Es la lancha "que Dios se lo pague" que fuera propiedad de mi abuelo y su familia durante muchos años. Alimentó a mi papá y sus hermanos en su infancia y juventud.
Leo que va a desaparecer, será desguazada y su licencia pasará a otro barco que será langostinero. Una una fiebre. Nada cambia en el mundo de la pesca. Allá por fines de los '40, la fiebre del tiburón, que tanta prosperidad y éxito trajo al puerto marplatense. Hoy las fiebres llevan esa prosperidad a otra parte, y con ellas también se va la gente.
Y un poco me entristece, porque es un ciclo que se cierra. Y un objeto-recuerdo que ya solo será recuerdo.
Pero por siempre vigente, hoy y siempre, "que Dios se lo pague"

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