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Tímidamente se acercó, sin hacer ruido, casi sin respirar.
Solo quería contemplar el espectáculo ante sus ojos, solo mirar.
Pero quería más, más cerca para apreciar el detalle.
Un detalle que la cautivaba, la atrapaba, la enceguecía.
Tan despacio y silenciosamente como pudo, avanzó.
Todo seguía igual, por lo que tomó confianza.
Un paso más, una inclinación, un brazo que se estira, una mano que se abre, un dedo índice que va a hacer contacto...
Y desapareció.
No había más de eso que tanto apreciaba, no quería poco, pero ya tendría que haber aprendido que jamás iba a poder tenerlo todo.

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Creo que estoy tan poco acostumbrada a ser feliz que mi cabecita se las enrosca para pensar cosas infelices. Soy feliz y más aún si puedo contagiarte y decirte no hay otro momento para sonreír, es ahora .
Cuando no hay mucho para decir, es mejor callar. Pero me es necesario expresar la felicidad que siento. Un día en paz y sin preocupaciones, Gracias.